Introducción

Una de las decisiones más difíciles de tomar para una empresa, especialmente en épocas de crisis es la de sustituir equipos informáticos.

Debemos ser conscientes de que, independientemente de pequeños fallos, más pronto o más tarde el equipo acabará sufriendo una avería grave y debemos prepararnos para tal eventualidad. En primer lugar protegiendo nuestros datos con copias de seguridad y en segundo lugar, eligiendo nosotros el momento en el que queremos sustituir el ordenador en lugar de esperar a una avería que pueda surgir en el peor momento.

El problema es: ¿cuál es el mejor momento para sustituirlo?. Podríamos pensar que, si está funcionando, ¿para qué lo vamos a cambiar?. La respuesta es bien clara: para evitar pérdidas de datos e interrupciones en el uso del equipo informático.

También hay que tener en cuenta el estado del ordenador, sobre todo si da problemas a menudo o si tarda mucho en arrancar, abrir programas etc. Esto es muy importante ya que los tiempos de espera influyen directamente en la productividad y como veremos más adelante, cuestan mucho dinero. Bastante más dinero de lo que cuesta cambiar de ordenador.

Y teniendo en cuenta lo anterior, la forma de actuar será muy diferente en función de si el ordenador es un equipo de uso diario para tareas importantes relacionadas con la gestión diaria de la empresa, (a los informáticos nos gusta decir que es un equipo para uso “crítico”) o si por el contrario es un equipo de uso secundario, que usamos ocasionalmente para conectarnos a internet y confeccionar algún documento.