En definitiva y volviendo a la pregunta inicial: ¿Cuándo debemos cambiar de ordenador? La conclusión es que debemos empezar a pensar en cambiar de ordenador en la fase de sustitución que suele ser a los cuatro o cinco años de su adquisición, en función de las ampliaciones realizadas, de la productividad que se desee del equipo y de la posibilidad de dedicarlo a tareas secundarias.
Hay que considerar que esta fase, el equipo va a entrar en cualquier momento en la obsolescencia tecnológica, lo que nos puede poner en un grave aprieto en caso de tener que realizar una reparación de urgencia para recuperar datos. El equipo tardará en entrar en la fase de sustitución en función de si se han llevado a cabo tareas preventivas y de mantenimiento. También dependerá de las prestaciones iniciales del equipo.
La fase de sustitución podemos alargarla tanto como nuestra economía nos lo exija, considerando las prioridades económicas de nuestra empresa, pero sabiendo que es arriesgado usar el equipo para tareas críticas en ese estado.